viernes, 5 de junio de 2020

Premio Nacional Vicente Ferrer de Educación para el Desarrollo


         Hace algo más de tres años regresaba a este país después de mi experiencia de vida latinoamericana. Durante unos meses todo a mí alrededor me transportaba a Ecuador, tenía la necesidad de entablar conversación con cualquier persona con la que me cruzaba en la calle o en el metro con apariencia andina. Quería compartir mi emoción por un país que había sido mi casa y me había acogido con los brazos abiertos, pero que muchas de ellas habían abandonado hacía ya más de una década.
           
            Siempre he sido consciente de lo mucho que el continente latinoamericano ha influido en lo que soy hoy, pero una vez me alejé de aquellas tierras allá por 2016 supe que mi vida quedaba ligada a ellas para siempre. Lo que nunca pensé es que esa maravillosa tierra ubicada en el centro del mundo me iba acompañar de la manera que lo ha hecho en mi vuelta a las aulas. Ahora, tres años después de aquellos momentos de amarga despedida, Ecuador se ha convertido en el protagonista de este Premio Nacional Vicente Ferrer que convoca el Ministerio de Educación y Formación Profesional y la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo).
           
            El proyecto “Las Musas a un paso de la Amazonía”, que nació con la ilusión de un sueño con pocos visos de realidad y que avanzó ante mi emocionado asombro porque desde dirección se le apoyase, ha acabado convirtiéndose en una realidad que, a día de hoy, ya cumple su tercera promoción. Han sido años de mucho trabajo, de incertidumbres, de miedos y fuertes vaivenes emocionales, pero que finalmente se han visto recompensados allí, justamente sobre la línea ecuatorial, en el hermoso centro histórico de Quito, en las conversaciones sabias con mujeres indígenas que nos muestran que otra manera de vivir es posible, a 4500 metros de altura con el oxígeno suficiente para celebrar estar en un lugar extraordinario, o entendiendo que el desarrollo es relativo mientras la selva te envuelve. Aún así, la mayor recompensa ha sido observar los emocionados ojos de nuestras alumnas y escuchar de sus labios lo que estaba significando para ellas la experiencia, este ha sido el verdadero premio, uno de los mayores regalos que como docentes podemos alcanzar.

            Sin embargo, no puedo negar que el premio recibido además ayuda a reconfortarnos profesionalmente, es un reconocimiento al trabajo que realizamos día a día y nos anima a continuar en la senda de la educación en valores y a seguir en la búsqueda de una ciudadanía global que se comprometa con su entorno, con el conocimiento de otras realidades y de las interrelaciones socio-económicas que con ella se generan, con conciencia crítica, con sensibilidad hacia las diferencias, y con determinación hacia la justicia social.
           
            Es necesario y legítimo agradecer esta mención que han recibido “Las Musas a un paso de la Amazonía” y el IES Las Musas fundamentalmente a las dos promociones de estudiantes que con entusiasmo aportaron lo mejor de sí, a las compañeras de la comunidad educativa que en mayor o menor medida durante todo este tiempo estuvieron apoyando, alentando y sobre todo trabajando para que este sueño se convirtiera en realidad, a las familias que confiaron desde su inicio en este proyecto y que permitieron soñar a sus hijas con él, a Jose Antonio que lo apoyó en los momentos difíciles y, por supuesto, a Ecuador y sus gentes, que se han colado en la vida de este barrio madrileño para siempre.

            Este Premio Nacional de Educación para el Desarrollo, es concedido anualmente a quince experiencias docentes de nivel preuniversitario. La consecución del mismo lleva aparejada la participación de todas ellas en un seminario que, en esta ocasión, se realizó en la capital de Jordania, Amman. Allí hemos tenido la suerte, dos profesoras del instituto, de conocer los proyectos que el resto de compañeras premiadas están desempeñando en sus centros educativos en relación con la educación para el desarrollo y en particular con el cumplimiento de alguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que ha establecido la ONU dentro de su agenda 2030. Ha sido emocionante y enriquecedor constatar que existen muchas personas del ámbito educativo que trabajan en una línea similar a la nuestra, que son conscientes de nuestro papel de transformación social, que entienden la educación como promotora de desarrollo humano y que asocian una verdadera educación de calidad a todo ello. También durante esa semana hemos sido conscientes de la labor titánica que tenemos por delante y quizá, por momentos, nos vimos empequeñecidos ante tamaña responsabilidad, no obstante ocupamos el lugar y jugamos el papel que queremos asumir en nuestra sociedad. Por otro lado hemos comprobado con tristeza la diferencia en las condiciones dadas por las administraciones para llevar a cabo tan enorme tarea en función de la comunidad autónoma a la que perteneces, como era de esperar, en Madrid nos encontramos en el furgón de cola.
             Este seminario que desde el 5 al 13 de noviembre nos juntó a diversas docentes en tierras jordanas, cumplía un segundo objetivo, el de conocer los proyectos que la cooperación internacional española lleva a cabo en el país. Esta cuestión merecería un nuevo artículo en futuros Musos ya que la disposición geográfica jordana, situada en un enclave tan interesante dentro de la geopolítica mundial en oriente próximo, produjo que visitas a un campo de refugiadas sirias (huidas desde el comienzo de la guerra) o a barrios de refugiadas palestinas (huidas de su tierra en 1948 y desde entonces maltratadas y condenadas por la comunidad internacional) hayan sido experiencias únicas.

Primera Promoción 2017-2018

Segunda Promoción 2018-2019

Equipo de musas amazónicas

Premiadas por la AECID y el MEFP





sábado, 15 de diciembre de 2018

Parece que por fin conoceré la Amazonía

Artículo de la Amazónica Beatriz López que aparecerá en el próximo número del Muso. 

Despedíamos el curso 2016/17 con el ejemplar nº 56 de El Muso, en el apartado de viajes, David, un profesor de matemáticas nos descubría una aventura que había vivido unos años atrás y dejaba una puerta abierta… ¿Será posible que haya musos y musas que traspasen esas fronteras humanas que nos impiden aprender y disfrutar?

Durante el curso 2017/18 el proyecto se hizo realidad, 8 aventureros valientes y curiosos descubrieron las maravillas que ofrece la naturaleza de la Amazonía ecuatoriana. Una de ellas, era alumna de mi tutoría y como comentamos en alguna ocasión, el día 9 de junio cuando iniciaron el viaje, se llevó un compartimento de mi mente en su maleta. Gracias a las nuevas tecnologías, podía ir viendo fotos de momentos de casi todos los días…era mi momento de relajación, en el caos de junio y juniembre, cuando veía las fotos, me teletransportaba allí con ellos.

Este año, un lunes de octubre, Jose Antonio Expósito me daba la oportunidad de vivir la experiencia en primera persona. Los sentimientos y emociones se pelearon durante las siguientes horas pero había algo que tenía muy claro…Estas oportunidades son trenes que sólo pasan y paran para que los cojas una vez en tu vida… Hablando con todas las personas cercanas que necesitaba que me ayudaran para poder coger el tren, recibí todo el apoyo necesario. David y Laura también eran un apoyo fundamental. Así que decidí coger el tren.

A partir de ese momento la ilusión crece cada vez más. Empezamos planteando el proyecto a todos los grupos de 1º de Bachillerato y los ciclos de Formación Profesional. Es increíble ver cómo se iluminan algunas caras cuando les planteas el proyecto… no es un viaje, es un proyecto… es diferente a todo lo que hubieras imaginado con un viaje organizado por el instituto. Se nota que este año, los expedicionarios del año pasado han compartido con sus compañeros su experiencia porque ya en las primeras reuniones informativas, acudieron muchos más alumnos que el año anterior.

Definitivamente somos un grupo heterogéneo de 19 alumnos y alumnas, de 1º de Bachillerato y 1º de Ciclos Formativos de Higiene Bucodental y Administración y Finanzas. Nos estamos conociendo, nos hemos presentado y poco a poco vamos creando grupo. Nos impulsa un factor común, el interés por conocer la Amazonía y por dejar que la experiencia de convivir en la comunidad Sinchi Warmi, nos transforme…
Grupo Amazónico, nos faltó Raúl y Laura
Todo el instituto nos está ayudando, colaborando con los dulces navideños y comprando papeletas de lotería. Aprovecho este momento para agradeceros a todos vuestra ayuda, esperamos poder compartir con vosotros nuestra experiencia cuando estemos de vuelta.




lunes, 12 de noviembre de 2018

19, un gran número


Serán diecinueve estudiantes, diez chicos y nueve chicas, quince de primero de bachillerato, tres de ciclos de grado superior y uno de ciclos de grado medio.
Trabajarán, aprenderán y disfrutarán de Ecuador durante el curso, para al final del mismo tener el privilegio de visitar el país de los cuatro mundos.

Enhorabuena a todas y todos por iniciar el camino de esta segunda promoción que seguro será tan maravillosa como la anterior.


Alli shamuska  

Qué disfrutéis chicos, como nosotras lo hicimos



sábado, 27 de octubre de 2018

Un día cualquiera en Ecuador por Víctor San Frutos

Sin ánimo de hacer "spoiler" y a la espera de la publicación del libro "Las Musas a un paso de la Amazonía", podéis leer a continuación una parte pequeña de lo que fue nuestro diario en tierras ecuatorianas.


Día 3. Lunes 11 de Junio 2018. (Quito – Otavalo – Laguna de Cuicocha)


Amanecía en el tercer día de nuestra aventura, aunque para Bruno, Tole y yo, no salía el sol. Despertamos a las cuatro de la mañana, confundidos con el desfase horario, apenas dormimos hasta la hora de desayunar. Comimos lo mismo que la mañana anterior, y tras prepararnos, salimos a esperar al autobusero. Esperamos, pero el transporte no llegaba, hasta que pasada media hora apareció. He de decir que la espera valió la pena. Pronto estábamos abandonando Quito y desde la carretera empezamos a vislumbrar los primeros retazos del paisaje que más adelante nos cautivaría por completo: el pico del Cotacahi (4944m) parecía haberse levantado algo más tarde que nosotros y con las sábanas aún pegadas, la cima surcaba un denso mar de nubes, hundiéndose y volviendo a emerger en un hipnótico vaivén.

Unos minutos después, la vorágine de nubes que engullía los cielos se despejaba momentáneamente para revelar la cumbre nevada del Cayambe (5790m). La nieve de la montaña se fundía con las nubes hechas jirones por el viento y parecía que la cima de la montaña se elevara hacia el cielo.

Tras un largo trayecto en autobús, hicimos una parada en Miralago, un emplazamiento con una vista privilegiada del lago San Pablo, custodiado por el imponente volcán Imbabura. Desde allí proseguimos nuestro viaje hacia Otavalo, un pequeño pueblo dedicado al comercio. Allí nos reunimos con Olga y su familia, una mujer de origen kichwa cuyos ojos reflejaban una profunda sabiduría y con quien visitamos el mercado local, donde comimos un riquísimo hornado (chancho con gran cantidad de legumbres y con camote), y el mercado de Ponchos, un mercadillo formado por un laberinto de puestos, entre cuyos cachivaches era fácil perderse.

Después de haber comprado algún recuerdo allí, volvimos a coger el bus, acompañados por Olga, que al parecer tenía un perro con el mismo nombre que Bruno. Durante el trayecto nos habló de su vida y de cómo trata de vivir en armonía con la tierra, cultivando ella misma su alimento y sus medicinas. Oírla hablar era esperanzador. Sus palabras no hacían más que reflejar el profundo respeto que sentía por la naturaleza y su más sincero anhelo por protegerla.

 Finalmente, llegamos a la laguna de Cuicocha, un enorme lago que de pronto se extendía ante nuestros ojos tras llegar a la parte más alta del camino. Era impresionante. Encontrarse de repente con esa inmensa laguna que bañaba el cráter de un viejo volcán era sobrecogedor. El agua parecía más un enorme zafiro que propiamente agua: azul y cristalina a pesar de estar estancada, y en calma, como si se tratara de una enorme balsa de aceite, cuya superficie sólo se perturbaba con las suaves ráfagas de viento que trazaban sobre esta maravilla natural un cautivador mosaico de brillos y reflejos.

Pronto estábamos navegando por el interior del cráter, en una barca que a ninguno parecía darle mucha confianza, pues con cada movimiento o con cada mísero estornudo podíamos comprometer la integridad de la embarcación. Suerte que llevábamos chalecos salvavidas, aunque de una hipotermia no nos iban a salvar. Nos acercábamos a la isla del centro del lago, pero el conductor, lejos de reducir la marcha, iba cada vez más rápido. Hubiera jurado que nos íbamos a estrellar, pero cuando ya casi podía tocar tierra, de entre la vegetación, apareció un estrecho canal que partía la isla en dos. Cruzamos, y acto seguido nos detuvimos en la orilla de una de las dos islas para contemplar como el volcán, aunque viejo, seguía vivo emitiendo ininterrumpidamente montones de burbujas.

Al terminar el trayecto en barco, subimos andando hasta un pequeño llano del cráter que guardaba la laguna, donde antaño (y en la actualidad) se hacen ofrendas a la gigante Cotacachi. Aunque el día comenzó nublado y muchos habíamos abandonado la idea de ver entera esa gran montaña, las nubes comenzaron a disolverse en el cielo como terrones de azúcar en el agua.

Y allí estábamos, todos alumnos de ciencias, arrojando a la pila de las ofrendas pequeñas piedras y con la mirada fija en el afilado pico del Cotacachi, formulando con nuestras mentes deseos que nadie más podía conocer. Tras esto, nos quedamos todas en un silencio sepulcral que sólo rompía algún pajarillo extraviado o la brisa que parecía soplar para aliviar nuestro calor. Nadie quería abandonar esa paz, esa tranquilidad, ese silencio tan idílico, pero los montes no iban a sostener por mucho más tiempo a nuestro astro rey. Cotacachi ya había aguantado mucho despejada y cuando las horas de luz se acercaban a su final, empezó a cubrirse otra vez de nubes, preparándose para el frío de la noche.

A esas alturas pensé que ya nada podría sorprenderme. Craso error. Desde el autobús, cuando volvimos a pasar por Miralago, pudimos contemplar el Imbabura en su máximo esplendor: las nubes habían cesado su incansable sitio a esta impresionante montaña y pudimos apreciar cómo las tierras de cultivo trataban de desafiar su altura, tejiendo un geométrico entramado en las faldas de este gigante. La escena parecía pintada por Guayasamín, pues aquella imagen era emocionante, cautivadora y sobrecogedora al mismo tiempo y cada punto de vista aportaba un nuevo matiz, un nuevo sentimiento.

Pero la cosa no acaba aquí porque el Cotacachi mantenía su atenta mirada sobre nosotros, siguiendo desde la distancia nuestros pasos mientras se fundía suavemente con el cielo y las nubes según se iba apagando el sol.

Sin embargo, la vista más espectacular estaba aún por llegar, pues, al cabo de unos minutos, surgió ante nuestras atónitas miradas una imagen que ninguno de nosotros podría haber esperado: el Cayambe, totalmente despejado, protegiendo el valle con el abrazo de su cuerpo de esmeralda y sus brazos de nubes blancas. Allí estaba, con su resplandeciente cumbre nevada, brillando cuando el resto de montañas empezaba a sucumbir ante la oscuridad, como un fantasma de la noche, y negándose a caer presa de las sombras.

Había sido un día largo y un tanto agotador, lo cual se reflejaba en el montón de ojos cerrados que bailaban con cada bache (y no eran pocos). Cuando llegamos a Quito fuimos a cenar a un “chifa”, un restaurante de comida china, donde comeríamos una media de un kilo de arroz por persona. El cansancio era palpable y el tema de discusión entre Marta y Sara nos delataba:     “¿ filosofía eudemonista, deudemonista?” se preguntaban, y así lo estuvieron haciendo durante cerca de media hora, hasta que el interés se centró en cuanto me hincharía si me comía un cacahuete.


Cuando llegamos al hotel, Cristina me pasó el relevo de esta crónica y enseguida me puse a escribir, no podía permitir que el sueño me borrase un solo momento de este magnífico día, así que, de encontrarse algún error, se ha de culpar a Morfeo.

Mercado de Otavalo. Al rico hornado 


Laguna de Cuicocha 3100m. Cráter volcan Cotacachi

martes, 16 de octubre de 2018

A por una segunda promoción

Hemos comenzado el nuevo curso, y después del maravilloso primer viaje a tierras ecuatorianas y de una primera promoción exitosa del proyecto "Las Musas a un Paso de la Amazonía", comenzamos a dar los primeros pasos de esta segunda.

Este primer año de proyecto lo plasmaremos en un hermoso libro, pero hasta que llegue ese emocionante día, habrá que conformarse con algunas pequeñas publicaciones que llevaremos a cabo en próximas fechas.

Gracias por esta maravillosas primera promoción y bienvenida la segunda.

Pagrachu

sábado, 5 de mayo de 2018

Acercándonos

En las semanas pasadas y organizadxs en parejas, el grupo de amazonicxs nos han acercado aún más al Ecuador. Han investigado y presentado diferentes temas relacionados con el país que ya en un mes podremos estar visitando.

Han estudiado la "Situación social de la mujer en el Ecuador", "La diversidad biológica", "La población ecuatoriana" y "El turismo vs el petróleo".

Ha sido un placer aprender unxs de otrxs e ilusionarnos aún más pensando en el viaje ya cercano. 
Enhorabuena por el esfuerzo y por el cariño puesto en lo realizado.




lunes, 16 de abril de 2018

Una rifa por el ajedrez

Desde la comunidad amazónica en la que vamos a vivir nos han pedido, si tenemos la posibilidad, llevar para su escuela educativa una serie de juegos de mesa con los que puedan disfrutar sus alumnos y alumnas a lo largo del curso. Entre todos ellos han mostrado bastante interés en el ajedrez, así que esperemos que algún componente de nuestra expedición tenga maestría en ello.

Pensando en lo bonito que pueda ser pasar momentos de juegos grupales allá  y deseando que en próximos años nos encontremos con el primer kichwa de la Amazonía campeón nacional de ajedrez, nos hemos lanzado a recaudar fondos para conseguir estos juegos, poniendo en marcha una atractiva rifa.

Esta se celebrará coincidiendo con el sorteo de lotería del día 7 de junio y tiene como premios importantes donaciones de deportistas de primer nivel. 

¡Suerte y gracias por participar!


lunes, 9 de abril de 2018

Kit de superviviencia

El pasado jueves 5 de abril el grupo de expedicionarios al Ecuador junto con profesorado, sus madres y sus padres, acudimos a un acto en la Embajada ecuatoriana donde nos acercaron al país, tejimos lazos y fuimos obsequiados con un kit necesario en aquellas tierras. Este lo componían:

Un bolígrafo para el necesario diario de campaña, un chocolate del preciado cacao amazónico para recuperar las energías, un mapa para no perdernos en la mitad del mundo y un bidón de agua para no desfallecer porque Ecuador Ama la Vida.

Seguimos dando pasos....
Expedición lista
Kit para amar el Ecuador

 

lunes, 2 de abril de 2018

“SI EMOCIONA PENSARLO, IMAGÍNATE HACERLO”


*Maravilloso artículo publicado en el nº58 de El MUSO por nuestra compañera Marta Romero

Real Academia Española de la Lengua, “Viajar: Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción.”

Allí estaba yo, frente a la pantalla de mi ordenador, intentando comprender todo lo que estaba sucediendo.
Y es que hacía tan solo dos días que alguien, no tenía muy claro quién era, ni de dónde había salido, (aunque lo cierto, es que se trataba de ese tipo de persona que transmite confianza, y quizás un poco de locura), se había pasado por el pabellón de ciclos para presentarnos su proyecto, bueno, aún solo se trataba de un sueño muy bien alimentado por la ilusión.
Después de múltiples fotos, para las cuales ni siquiera tengo palabras que las describan, un par de anécdotas y un incesante brillo en sus ojos que revelaba sinceridad y entusiasmo, nos ofreció la posibilidad de formar parte de eso que él estaba organizando.
Wow, pensé. Madre mía, qué locura. ¿Un viaje a Ecuador?¿7 días en la Amazonía?¿El centro del mundo?¿Kichwas? IMPRESIONANTE.
Esa misma noche reflexioné sobre ello, me pareció increíble, y me moría de ganas por ver todo aquello con mis propios ojos. Pensé en planteárselo a mis amigas al día siguiente, sabía que era un disparate, pero ¿Y qué?, todos sabemos que las grandes locuras dejan buenos recuerdos.
Tras multitud de argumentos, millón y medio de fotos, otras tantas súplicas y ruegos, ninguna accedió.
Rabia, rabia era lo que sentía.
Era totalmente consciente de que aquello que nos había contado ese señor algo despeinado y amigable, se llamaba OPORTUNIDAD (si, así en mayúsculas). ¿Y desde cuando se desaprovechan?
No me lo iba a permitir.
Viajar se puede hacer siempre, pero con esas condiciones estaba segura de que no volvería tener la ocasión.
De nuevo en la cama, y con los ojos como platos, no paraba de darle vueltas en mi cabeza. No tenía nada claro, pero si algo saqué en conclusión, fue que todo eso merecería la pena, estaba segura que si dejaba escapar la oportunidad, me arrepentiría durante toda mi vida. Así que conté algo de dinero que tenía ahorrado y decidí que era el momento de invertirlo en cruzar el charco.
Sí, yo sola, no necesitaba nadie más, sería yo y solo yo, quien cumpliese mis sueños, y me daría la oportunidad de conocer a gente nueva, lo que aumentaba aún más la emoción del viaje.
Según me levante, le dije a mi madre: “Mamá me voy a apuntar al proyecto de Ecuador”. ¿¿¿Que te vas a Ecuador???. Que me voy.
Y fue entonces cuando me di cuenta de que quien había escrito la definición de “viajar” no lo había hecho nunca, y no tenía ni idea de la de cosas que encierra la palabra.




miércoles, 21 de marzo de 2018

Las Musas visitará la Amazonía en el 2018


Este artículo ha sido publicado en el número 58 de la revista El Muso (Marzo 2018)

Ese titular podría ser la cabecera de El Muso un día 28 de diciembre, sin embargo es una realidad que ocurrirá este mismo curso. Con dificultades, como es lógico en un proyecto tan novedoso, pero con tremenda ilusión, ha empezado a caminar esta primera promoción que con seguridad continuará en el futuro.  

Ocho estudiantes de este centro, pisarán tierras ecuatorianas allá por el mes de junio para comprobar que los Andes y la Amazonía no sólo forman parte de los documentales de televisión o de los libros de texto, si no que son el escenario del día a día de diferentes nacionalidades indígenas que viven allá, en la mitad del mundo.

Diez personas formamos el equipo expedicionario que volará desde Las Musas a la maravillosa tierra amazónica, siete estudiantes de primero de bachillerato, una estudiante de Laboratorio y dos “profesionales” de las matemáticas por las mañanas y aprendices de casi todo el resto del día.

Sin embargo esta expedición también deja en tierra a más componentes, que dedicadas con amor a la geografía, los idiomas, y los laboratorios químico-farmaceúticos, están ayudando muchísimo a que nuestras mochilas se vayan aún más repletas de ilusión y conocimientos.

Llevamos trabajando meses para que el viaje sea mucho más que eso. Trabajando para conocer un país, una cultura, una diversidad de nacionalidades, de flora y de fauna, antes incluso de pisar el propio Aeropuerto Mariscal Sucre y trabajando para cohesionar un grupo que superase unido las dificultades económicas que se nos presentaban.

Hemos recorrido el instituto con nuestro logo estampado en camisetas negras, hemos repartido décimos de lotería con ilusión pero sin suerte, hemos vuelto a repartir suerte con la inédita porra amazónica (que reaparecerá) y sobre todo nos habéis visto rodeadas de flores recreo tras recreo para llenar el centro de cariñosos reconocimientos. También nos ha invitado la Embajada de Ecuador a un cálido encuentro para comenzar un hermanamiento entre nuestro instituto y el continente suramericano, y aunque hemos acabado algo extenuadas el trimestre, lo hemos celebrado comiendo un rico encebollado y unos patacones que regados  con jugo de maracuyá nos hicieron sentir casi, casi, allá.

Como decíamos, diez integrantes de este centro público viajarán al Ecuador y descubrirán su bella Amazonía, como hiciera Francisco de Orellana (aunque evidentemente con distinto propósito). Disfrutarán de Quito y su entorno andino y disfrutarán del paisaje amazónico en la comunidad de Misahualli a orillas del rio Napo. Y deseando que llegue ya ese momento y anhelando que el siguiente artículo en la revista sea describiendo nuestra experiencia, se despide esta primera expedición de Las Musas a la Amazonía.   

Rico cacao


lunes, 12 de febrero de 2018

La venta de flores nos abre el apetito

Después de dos semanas intensas de recreos de rosas y claveles, tuvimos la recompensa de la rica comida ecuatoriana, antes que el día 14 repartamos todo ese cariño acumulado por el Instituto.
Lo celebramos con jugo de maracuyá, encebollado y bandera.

El equipo amazónico os da las gracias por vuestra colaboración

A la espera del encebollado ......
....y la bandera.

domingo, 4 de febrero de 2018

Preparando la indumentaria

Gracias al logo diseñado por nuestra compañera y al esfuerzo de otra de ellas, ya tenemos parte de nuestra indumentaria oficial. Con estas lindas camisetas estamos animando los recreos del instituto encargando flores y más flores.

El próximo 14 de febrero el equipo amazónico recorrerá nuestro Centro repartiendo cariño y alegría con estas bonitas camisetas.

viernes, 19 de enero de 2018

Con amor se viaja mejor

Nuevamente la creatividad de una de nuestras aventureras amazónicas nos ha proporcionado este marvilloso cartel, que nos acompañará en las próximas fechas para llevar a nuestro Instituto el cariño y el amor por lxs compañerxs y también algo de financiación a nuestro proyecto.  


sábado, 13 de enero de 2018

La Porra Amazónica

Ya estamos en 2018, año en el que este grupo de alumnos, alumnas y profes disfrutarán de los paisajes andinos y amazónicos del Ecuador.

Y hemos comenzado el año con el primer sorteo de nuestra Porra Amazónica, el número premiado ha sido el 84 (finalización del número de la Lotería Nacional del día de hoy). 
Gracias a los que habéis colaborado en esta aventura que cada vez está más cerca de producirse y enhorabuena a la premiada.

Se busca con el Nº 84

jueves, 14 de diciembre de 2017

El proyecto en El Muso



Este artículo será publicado en el número 57 de la revista El Muso (diciembre 2017). 

En el último número de nuestra revista, allá por el mes de junio, planteaba la siguiente pregunta: ¿Habrá musas en la Amazonía? Ahora meses después y ya en el siguiente número, nos encontramos con “Las Musas a un paso de la Amazonía”.  


Pues sí, lo que durante el curso pasado empezó siendo un sueño hecho proyecto, presentado con éxito en la Concejalía del Distrito, en la Consejería de Educación, y en la Embajada de Ecuador, empieza a convertirse en este curso en un sueño con visos de realidad.


“Las Musas a un paso de la Amazonía” es un proyecto que pretende introducir a nuestro alumnado en la realidad de un país diverso como pocos, el Ecuador: diverso en su geografía (desde volcanes andinos nevados a la selva amazónica), diverso en su fauna y flora, y diverso en su población (mestizos, blancos, afros y más de diez nacionalidades indígenas).


Queremos que sea una experiencia que marque un “antes” y un “después” en la vida de nuestras estudiantes[1], sirviendo no sólo para ampliar sus conocimientos académicos sino también como un instrumento valioso para la sensibilización sobre el medio ambiente, sobre la diversidad cultural y sobre valores que nuestra sociedad poco a poco ha ido perdiendo y que entendemos deben ser recuperados. Además, siendo un proyecto que nos acerca a la población ecuatoriana, tiene también como uno de sus objetivos mejorar el conocimiento y la convivencia con esta comunidad que, a día de hoy, forma parte de nuestros barrios.


Lo desarrollaremos a lo largo del presente curso escolar, y ya ha comenzado con diferentes encuentros con alumnos, madres y padres.


Inicialmente, y siempre trabajando de manera cooperativa, nos aproximaremos a la realidad del Ecuador investigando sobre su historia, geografía (física y humana), naturaleza, etc. En esta fase también trabajaremos la cohesión del grupo no sólo para alcanzar los conocimientos teóricos necesarios, sino también para la obtención previa de fondos y la difusión posterior de la experiencia. Una vez concluida esta primera etapa, podremos disfrutar y aprovechar al máximo la segunda, que consistirá en un viaje a tierras ecuatorianas. 



Volcán Cotopaxi 5.897 m
En este viaje al Ecuador, habrá musas que consigan fotografiarse con un pie en el hemisferio norte y otro en el sur, situándose en plena mitad de nuestro mundo; habrá musos que paseen por el centro histórico del lindo Quito (Patrimonio de la Humanidad), que caminen sus calles coloniales llenas de color, cultura y mestizaje; musas que recorran en barca el cráter inundado de un volcán a más de 3000 metros donde las burbujas nos muestran la vida interior de nuestro planeta; musos que descubran que el enorme mural del Aeropuerto madrileño de Barajas es del pintor indígena ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, descubriendo así mismo su escalofriante Capilla del Hombre en la capital sudamericana; habrá musas que se sumerjan en el mercado indígena más antiguo de Latinoamérica y musos que traigan las chalinas, chompas y mantas más “calientitas” de los corazones andinos; incluso, musos y musas que observarán la cumbre nevada más alejada del centro de la Tierra o más cercana al Sol, el Chimborazo. También tendremos la suerte de que haya musas que naveguen el afluente del rio Amazonas (rio Napo) bajo el vuelo atento de un tucán; musos que caminen a través de la farmacia natural más grande del mundo; musas que escuchen a mujeres como ellas relatar cómo es su vida en comunidad; musos que descubran la cultura ancestral de los kichwas y los waoranis; musas que se den su primer baño en las aguas amazónicas del  Napo; y musas y musos que, gracias a sus conocimientos de inglés, intercambien esta lengua por el kichwa con los estudiantes del lugar. Los musos tendrán que cuidar de su comida para que no sea robada por los monos capuchinos que pueblan nuestro alrededor; habrá musas que bajo sus mosquiteras, duerman con la mejor música posible, el sonido nocturno de la selva, y musos que disfrutarán de la gastronomía amazónica y de las historias y sueños de nuestras sinchi warmi (mujeres fuertes) que volverán en nuestros equipajes a Madrid con cada uno de nosotros, para permanecer siempre a nuestro lado.      




 






               En estas fotos se puede ver la que será nuestra casa y nuestro transporte en tierras amazónicas

                                                                        Convivencia
Aunque parezca difícil de creer, es verdad, habrá musas y musos especiales que tendrán la suerte, la valentía y la oportunidad de participar en una de las aventuras más maravillosa que desde un centro PÚBLICO se haya ofrecido hasta ahora. Y deseamos que desde su experiencia y su aprendizaje sean una semilla que germine y convierta este proyecto amazónico en una realidad año tras año, para seguir poniendo granitos de arena en la construcción de una sociedad mejor para todas y todos.

Las Musas está a un paso menos de llegar a la Amazonía.


 Os espero


[1] Siguiendo una iniciativa cada vez más extendida, y con la intención de evidenciar el problema de género existente, así como intentando usar un lenguaje más inclusivo, en este artículo se usarán los plurales unas veces en masculino y otras en femenino.

Premio Nacional Vicente Ferrer de Educación para el Desarrollo

         Hace algo más de tres años regresaba a este país después de mi experiencia de vida latinoamericana. Durante unos meses todo a mí ...